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Levantate y resplandece

Despues de cada caida, levantate y sigue! Pues caer no es fracasar sino perfeccionarse al levantarse!

Hata el final

Yo viveré para El.

Este es el momento

Id haced discipulos a todas las naciones.

Sin cesar

Por que el Espiritu Santo sea derramado en cada uno de los creyentes.

Bendicones!!

Jehova te bendiga y te guarde...

Todo es posible

Todo lo que pidieras con fe, sera hecho.

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jueves, 27 de noviembre de 2014

27 - EL JOVEN RICO

“Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme”. Mateo 19:21.




Tanto Mateo como Lucas cuentan que, inmediatamente después de que Jesús bendijera a los niños y los colocara como ejemplos de quienes heredarán el Reino de Dios, llegó corriendo un joven rico.

¿Dónde estaban los discípulos que habían complicado la llegada de los niños y de sus madres? ¿No era que Jesús estaba ocupado? ¿No era el viaje más importante que las conversaciones que le podrían plantear al Maestro? ¿Por qué no interrumpen al joven rico, en su intento de acercarse a Jesús? Es lamentable cómo usamos dos varas y dos medidas. Igual que los discípulos, tenemos la inclinación a respetar a gente como el joven rico y a despreciar, o por lo menos dejar de lado, a los pequeños.

Lo cierto es que, sin la intromisión de los discípulos, este joven pudo conversar con Jesús todo el tiempo que quiso, de los temas que quiso y durante el tiempo que quiso. Jesús no impuso nada, solo le planteó la solución profunda a su pregunta inicial.

El joven rico llegó hasta Jesús con la clara convicción de ser un hombre bueno. Estaba tan seguro de sí mismo que fue en busca de su “certificado de calidad”, dado por el maestro que estaba de moda en la región. Él no busca la bendición ni la dirección de Cristo: busca su confirmación. Es como la oración del fariseo, aquel que estaba tan lleno de sí que se oraba a sí mismo.

Si la consulta del joven rico era para saber si ya era perfecto o no, Jesús le da la respuesta exacta. Y a este hombre no le gusta la respuesta que escucha, como a la mayoría de quienes hacen esa pregunta a Jesús. Él nos conoce tan bien, con tanta profundidad y con tanta transparencia que sabe exactamente lo que nos falta. En su inmenso amor, no nos miente… y no nos permite que nos sigamos mintiendo.

Cuando el joven rico se vio frente al espejo de su conciencia; cuando tuvo que reconocer su imperfección; cuando se dio cuenta de que Cristo sabía exactamente lo que le faltaba (yo creo que él también lo sabía), se sintió descubierto y se fue triste. ¿Y tú?



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

martes, 25 de noviembre de 2014

26 - LOS NIÑOS

Jesús dijo: Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos. Mateo 19:14.




Los discípulos no estaban felices con la idea de un montón de niños abrazando a Jesús. Los motivos pueden haber sido muchos, pero el relato de Mateo –más esquemático– y el de Lucas –un poco más detallado– dejan la sensación de que, para los apóstoles, Cristo tenía cosas más importantes que hacer y gente más importante que atender.

Según el relato de Lucas, cuando los niños llegan a pedir la bendición de Jesús, él y el grupo de discípulos estaban comenzando a organizar la próxima etapa de su constante viaje por la tierra de Israel.

Un comentario sobre esto. ¿Observaste que Jesús está constantemente caminando, viajando, entrando en contacto con diferentes personas? Me gusta pensar en un Salvador que camina, que busca, que encuentra; no en alguien que se queda parado (o sentado) en algún lugar, esperando que vayan a verlo. En ese aspecto también él debe ser nuestro ejemplo. Encerrados dentro de un templo tendremos muy poco contacto con quienes necesitan conocer a Cristo.

Según los discípulos, el viaje era más importante que los niños. Había que llegar al destino en el horario programado. Los discípulos se molestan, porque si Jesús ocupaba sus manos y su tiempo con los pequeños, no podía hacerlo con alguien que rindiera más rédito social, en popularidad y en aumento de su fama.

Nosotros, que nos llamamos seguidores de Cristo, ¿tratamos al otro, al pequeño, al que no me puede dar nada a cambio –excepto una sonrisa– de la misma manera que tratamos a los “importantes”? ¿Aprendimos, con el ejemplo de Cristo, que cada niño es un mensaje de esperanza que Dios da al mundo?

Los niños lo buscan porque saben que a él no le interesa ningún tipo de compensación terrena; solo quiere ver el rostro alegre de su hermanito pequeño.  Los niños lo buscan porque ven la sonrisa franca, abierta, radiante que dibuja en sus labios cuando los ve llegar; cuando los abraza, cuando los bendice.

Los niños lo buscan porque saben que para él no hay nadie más importante que ellos, en esos momentos. Te puedes acercar a Dios como esos niños se acercaban a Jesús.
Él sigue sonriendo mientras te abraza.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

lunes, 24 de noviembre de 2014

25 - UN ENDEMONIADO

"-Señor, ten compasión de mi hijo. Le dan ataques y sufre terriblemente. Muchas veces cae en el fuego o en el agua. Se lo traje a tus discípulos, pero no pudieron sanarlo." Mateo 17:15, 16.




Cristo baja del monte de la transfiguración, donde habla experimentado la gloria. Y se encuentra, al pie del monte, con un padre desesperado porque un demonio atormenta a su hijo: la situación de mayor degradación en la que un ser humano pueda caer.  La montaña rusa de la vida nos lleva desde los puntos más altos de espiritualidad a los abismos más profundos de la mundanalidad en instantes.

La situación, en el corazón de Cristo, debió de haber sido más difícil y triste porque, además del espectáculo profundamente doloroso de ver a una persona dominada por un espíritu del mal, tuvo que escuchar la confirmación -en boca del padre necesitado- de que sus discípulos estaban preocupados con otras cosas; porque fe -que era lo que necesitaban- no tenían.

La pregunta es: ¿habría cambiado algo la situación si hubieras estado allí? Tu presencia en un grupo, ¿modifica tan radicalmente la situación a favor de la fe, de lo espiritual? O, como los discípulos, no tienes poder. El padre está desesperado. Natural, ¿no? El hijo está siendo dominado por un espíritu maligno, que lo tira en el fuego, intenta ahogarlo, y cuando lo lleva a los discípulos del gran Médico, estos no consiguen hacer nada.

Ese es uno de los grandes problemas que la gente no religiosa tiene con nosotros: no conseguimos hacer nada para solucionar sus verdaderos problemas. Nos ven felices y bien vestidos dentro de nuestros lindos, iluminados y cuidados templos, pero nuestra religión no sale a la calle ni entra en sus casas. Es verdad que hay muchas puertas que se mantienen cerradas; pero también es cierto que golpeamos muy pocas.

Los padres del siglo XXI siguen llegando con sus problemas hasta donde estamos; basta con solo salir del templo y los verás. En el mejor de los casos, reciben respuestas tan teóricas que demuestran poco compromiso, con ellos y con las enseñanzas de Jesús. Pide a Cristo que cambie esta realidad en tu vida.




DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

domingo, 23 de noviembre de 2014

24 - LA MUJER CANANEA

"Él le respondió: “No está bien quitarles el pan a los hijos y echárselo a los perros”. “Sí, Señor; pero hasta los perros comen las migajas que caen de la mesa de sus amos”. Mateo 15:26, 27.




Historia extraña. Cristo, el amante Salvador de la humanidad, le dice –sin demasiadas ceremonias– a una pobre, pagana y desesperada mujer que ella (y su raza) son unos perros. Tenemos un problema. Hasta este momento en su ministerio, Cristo ya había entrado en contacto con gentiles, a quienes había bendecido. El caso más claro es el del centurión romano. La diferencia está en que ese gentil estaba en territorio de Israel.

Cuando los discípulos salieron en su gira misionera, quedaron –por expresa orden del Maestro– en las ciudades del territorio judío. El universo de los gentiles era un espacio no visitado. En la mente de los discípulos, ese no-contacto con los otros, era natural, básico, lógico. Cristo sale del territorio de Israel. Era el momento de demostrar a los discípulos que el evangelio es para todo el mundo, no solo para los que se sienten escogidos por su linaje.

Jesús y los discípulos están en el norte de Israel; en la región de Tiro y Sidón. En un espacio pagano. Entre este pueblo idólatra, surge una mujer gritando por misericordia. ¿Cómo reconoció a Jesús? ¿Cómo se enteró de que aquel maestro itinerante era el Hijo de Dios y el todopoderoso Señor del universo? La Biblia no dice nada al respecto, Pero los gritos fueron escuchados. También por los discípulos, que se ofendieron con la situación.

La anónima mujer recibe un trato tan grosero como el que recibiría de cualquier judío, incluido cualquiera de sus discípulos. Cristo, sabiendo de la fe de la extranjera, aprovecha para enseñar una lección eterna a sus seguidores: la salvación es para todos.

La mujer llega cerca de Cristo. Ya no grita. Ahora implora. Los discípulos siguen inmutables, porque piensan que esa bendición no le corresponde; hasta que Cristo los sorprende, respondiéndo a la mujer como ella sabía que le iba a contestar: ¡Grande es tu fe!


DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

sábado, 22 de noviembre de 2014

23 - LOS HABITANTES DE GENERASET


"Después de cruzar el lago, desembarcaron en Genesaret. Los habitantes de aquel lugar reconocieron a Jesús y divulgaron la noticia por todos los alrededores. Le llevaban todos los enfermos, suplicándole que les permitiera tocar siquiera el borde de su manto, y quienes lo tocaban quedaban sanos." Mateo 14:34, 36.




Los habitantes del otro lado del lago expulsaron a Jesús, porque para liberar a un ser humano permitió que los demonios que lo dominaban tomasen a los cerdos. La visión materialista de aquella gente los privó en un primer momento- de las bendiciones que Dios tenia preparadas para ellos. Seguramente, si hubieses hecho una encuesta de opinión entre los habitantes de Gadara, el mayor problema social que el pueblo enfrentaba era la presencia de esos endemoniados. De hecho, el relato bíblico dice que ellos habían tratado varias veces de atarlos y dominarlos, pero ni las cadenas ni la fuerza humana conseguían someterlo.

Cristo llega al territorio, y lo primero que hace es expulsar a los espíritus malignos que dominaban a aquellos hombres. ¿El precio? Los cerdos perdidos. La pregunta obvia que surge en nuestras mentes es: ¿qué valía más para esas personas? La respuesta, lamentablemente, es clara.

El gran problema es que nos acostumbramos a vivir con el pecado; pasa a ser parte de nuestro día a día. Entendemos nuestro mundo con el error formando parte de él. Nos sentimos cómodos en ese medio, que no nos incomoda. Llegamos a razonar que es un mal “acomodable” en nuestra realidad. Triste situación. Gracias a Dios, está la otra orilla. Existen los habitantes de Genesaret. Ellos se alegran cuando reconocen a Jesús y, rápidamente, dan la buena noticia por todos lados. Tenerlo a Cristo en nuestra región, en nuestra iglesia, en nuestra vida es una información tan excelente que no podemos dejar de compartirla.

Naturalmente, que Cristo esté en nuestro medio es motivo de alegría y de milagros. A todos los enfermos que le llevaron, Él los curó. Ni siquiera se preocupaban por ser tocados por su mano sanadora; la fe, demostrada en una gran alegría, se percibía en la gente, que copiaba a la mujer de Capernaúm: apenas se conformaban con tocar el borde de su manto.

¿Ves? Mientras los habitantes de Genesaret disfrutaban de los milagros de Cristo, los habitantes de Gadara estaban llorando la muerte de unos cerdos.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

viernes, 21 de noviembre de 2014

22 - LOS CINCO MIL

-No tienen que irse -contestó Jesús-. Denles ustedes mismos de comer. Mateo 14:16.




Hay tareas que parecen imposibles. El único detalle es que quien da la orden no se equivoca ni exige algo que no podamos realizar. Eso significa que los discípulos podían alimentar a los cinco mil; y que nosotros podemos predicar el evangelio a toda nación, tribu, lengua y pueblo.

La tarea que Jesús planteó a los discípulos era-en principio- imposible. No tenían dinero para tal gasto ni comida para alimentar a esa multitud. Pero Jesús les dijo: “Ustedes tienen que darles de comer”. ¿Qué hacer? La receta que nos presentan los evangelios es simple, y nosotros podemos utilizarla -sin preocupaciones- en nuestros desafíos espirituales. Incluso en aquellos que parecen imposibles.

Entendiendo que Jesús dará órdenes que podemos cumplir, el primer paso es buscar -con las herramientas humanas- cómo podríamos realizar el mandato divino. Quedándose de brazos cruzados porque no tenían tanta comida ni tanto dinero para solucionar el problema, los discípulos no hubieran conseguido ayudar a alimentar a nadie. Quedándonos de brazos cruzados, lamentándonos por los problemas, las limitaciones y las dificultades que tenemos, tampoco servirá de mucho en la predicación del evangelio.

Los discípulos buscan y encuentran la insignificante canasta de la merienda de un niño: cinco panes y dos pescados. ¡Estamos hablando de cinco mil hombres! Cuando buscamos en nuestra vida, en nuestra iglesia, es posible que encontremos apenas algunos dones, no mucho más que eso. Sin embargo, la orden de Cristo es clara y directa: “Tráiganmelos acá”. Allí sucede el milagro. Todo cambia cuando está en las manos de Jesús. Los panes, los peces, los dones y las bendiciones se multiplican. En las manos de Jesús, lo poco se hace mucho y la nada se hace todo.

Cuando los recursos finitos están en las manos del Salvador, los hambrientos sacian su hambre, porque él es el Pan de vida. Los sedientos sacian su sed, porque él es el Agua de vida. Los que andan en tinieblas encuentran la dirección correcta, porque él es la Luz, la Verdad y el Camino. Los muertos en el pecado encuentran una nueva existencia, porque él es la Vida.

El milagro se produce en las manos de Cristo, pero quienes comparten el resultado de ese milagro con los necesitados son los discípulos, es decir, tú y yo. Esa es nuestra misión, esa es nuestra responsabilidad hoy.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

21 - EL HOMBRE DE LA MANO SECA

"Entonces le dijo al hombre: -Extiende la mano. Asi que la extendió y le quedó restablecida, tan sana como la otra." Mateo 12:13.




Si lees la historia, verás que los fariseos dedicaron ese sábado para seguir a Jesús y criticarlo. ¡Lindo espíritu de adoración! Comenzó temprano, cuando los discípulos pasaron por el campo sembrado y recogieron unas espigas para comer. Los fariseos atacan a Jesús, acusando a sus seguidores de profanar el día santo. La locura del pecador roza lo absurdo. La ceguera del orgullo espiritual es tan evidente, que no consiguen ver que están hablando con el Señor del sábado.

A pesar de todo, Cristo dedica tiempo para responderles sobre la base de la Biblia -les recuerda la historia de David-, y los coloca en una perspectiva diferente sobre lo que ellos creen. En ese contexto, Jesús les dice que es el Señor del sábado. ¿Alguna duda? Parece que no. En realidad, sí.

Jesús y los discípulos entran en una sinagoga (costumbre que debemos mantener cada sábado, ¿verdad?). Los fariseos lo siguen. Buen momento para que pienses en algunos detalles. Básicamente, ¿para qué vas a la iglesia? ¿Sigues a Jesús para criticar a quienes lo acompañan? Los fariseos entran en la sinagoga, pero dejan el espíritu de adoración en la puerta.

Las sinagogas son un sitio de adoración festiva. Mucha música, cantos, aplausos. Todos los adoradores participan de las lecturas sagradas y alaban. Los fariseos no consiguen ver nada de todo lo hermoso que ese sábado guardaba para los verdaderos adoradores. Sus ojos están sobre Jesús no para reverenciarlo como Dios, sino para criticarlo e intentar hacerlo pecar.

Recuerdo la señora que visitó una iglesia, y después de las músicas inspiradoras, el sermón motivador y profundamente espiritual, el momento de la oración por las familias y de un culto, definitivamente bendecido, resumió la experiencia diciendo: “Había una mujer con el escote un poquito grande”. Que el hombre con la mano seca haya sido curado, a los fariseos no les importó. Ellos no están preocupados por las bendiciones que Dios da a sus hijos, solo piensan en lo que ellos creen que es correcto y lo que no es.

¡Demasiada pobreza de espíritu para alguien que tendría que estar en relación con Cristo!



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

jueves, 20 de noviembre de 2014

20 - LOS DOS CIEGOS


"Cuando entró en la casa, se le acercaron los ciegos, y él les preguntó: -¿Creen que puedo sanarlos? -Sí, Señor -le respondieron." Mateo 9:28.




Mateo coloca en su Evangelio esta historia como continuación de la resurrección de la hija de Jaira. Un milagro después de otro. Una bendición después de otra. Ese es el ritmo que Dios te propone. Solo que estamos tan preocupados por nuestras pérdidas y tan ciegos en nuestra realidad -pobre y oscura- que no tenemos tiempo para percibir los favores constantes que el Cielo entrega.

Los ciegos siguen por la calle a Jesús, gritándole por una bendición. Cuando está en la casa, les responde su pedido. La gracia es particular, íntima; los reflejos serán públicos. El Pentecostés llegó en el secreto del aposento alto; la gente que estaba en Jerusalén notó el prodigio cuando ellos hablaron frente al Templo. ¿Entiendes? No pidas en la calle lo que Dios te quiere dar en secreto; no guardes en secreto la bendición que Dios quiere que utilices en público.

Una vez que el Sanador y el enfermo se encuentran en el ambiente ideal, comienza el diálogo. Particular y profundo (como siempre), Jesús no anda con vueltas y busca una respuesta de fe. Él está hablando de sanidad total, y no quiere perder tiempo. ¿Creen que puedo sanarlos? La pregunta es obvia para dos ciegos que, a pesar de las naturales dificultades, lo venían siguiendo. Mira más allá de las palabras, y piensa en lo que Cristo quiere decir.

Si lo piensas un poco, verás que no necesitamos orar. Dios sabe todo, sabe lo que necesito; no necesito decirle nada, no necesito orar. Entonces, ¿para qué orar? Por el mismo motivo por el que Cristo les hace la pregunta a los ciegos. Que él sepa no significa que nosotros sepamos realmente lo que necesitamos. Decírselo es un ejercicio que nos coloca en nuestra verdadera dimensión de necesidad. Responderle la pregunta que él nos hace, como una oración sincera, nos coloca en la obligación de pensar -profunda y detenidamente- qué es lo que estamos pidiendo.

La respuesta de los ciegos es positiva. El comentario de Jesús nos coloca en una situación -como mínimo- preocupante: dice que se hará todo conforme a nuestra fe. ¿Y si no tengo verdadera fe? ¿Y si mi fe no alcanza para la bendición que estoy pidiendo?

La fe de los ciegos fue suficiente para que recuperaran su vista. ¿Y la tuya?



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

miércoles, 19 de noviembre de 2014

19 - LA MUJER QUE TOCO EL MANTO DE JESÚS

"La mujer, al ver que no podía pasar inadvertida, se acercó temblando y se arrojó a sus pies. En presencia de toda la gente, contó por qué lo había tocado y cómo había sido sanada al instante". Lucas 8:47.



Si Jairo tuvo que dejar su posición social, sus creencias religiosas y su pureza ceremonial para arrojarse a los pies de Jesús; esta mujer es su contracara. Inmunda desde hacía doce años, su vida se resumía en la pérdida de su dinero con médicos que prometían algo que no podían cumplir: sanarla.

Arrojarse a los pies de Cristo, para ella, no significaba perder nada y, quizá, ganar algo. Lo peor que le podía pasar, ella ya lo tenía: ser rechazada. Para no correr el riesgo de ser repudiada, buscó ganar la bendición que necesitaba sin ser notada. Imposible. El Dios que sabe cuántos cabellos hay en tu cabeza, que cuida de los universos y que enjuga tus lágrimas cuando lloras, él siempre te nota.

Para esta multitud de curiosos, que estaban felices porque Jesús había regresado a su ciudad, esta mujer era invisible. Para llegar hasta el borde del manto de Cristo, ella debió de haberse esforzado. Los que decían estar felices porque Cristo estaba de nuevo con ellos, eran los que le cerraban el paso para que ella no llegara a Cristo. Finalmente, consigue su objetivo. En su mente, un toque la salvaba; pero no la iba a exponer. Un toque solucionaba su problema, pero no iba a causar ningún inconveniente para Jairo ni para nadie.

Entonces, toca el manto. Cristo se detiene. Cuando Jesús pregunta “¿Quién me tocó?”, está -como siempre- buscando una respuesta de profundidad espiritual. La respuesta de Pedro es humana: “Todo el mundo te está apretando, te está tocando, ¿cómo haces esa pregunta?” La base de la pregunta de Cristo es espiritual: “Sé que salió poder de mí”. Podemos estar entre la multitud apretando a Cristo, sintiéndonos felices porque él está en nuestra ciudad, en nuestro barrio, en nuestra iglesia; podemos tocarlo, pero sin fe el milagro nunca ocurrió.

¿Vamos a tocar el manto de Cristo con fe?



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

martes, 18 de noviembre de 2014

18 - JAIRO

"En esto llegó un hombre llamado Jairo, que era un jefe de la sinagoga. Arrojándose a los pies de Jesús, le suplicaba que fuera a su casa, porque su única hija, de unos doce años, se estaba muriendo." Lucas 8:41, 42.




Nadie esperaba que Jairo hiciera lo que hizo. Es más fácil pensar en el jefe de la sinagoga hablando mal de Cristo que arrojándose a sus pies. No sabemos si él creía en el Maestro o si estaba tan desesperado que se animaba a cualquier cosa, incluso buscar la ayuda de aquel autodenominado profeta. Lo cierto es que, por la razón que fuese, lo encontramos a los pies de Jesús, suplicándole que fuera a su casa.

Tengo una hija de doce años. Me coloco en el lugar de Jairo, y me veo, sin ninguna dificultad, a los pies del Maestro, suplicándole que salve a mi pequeña. El punto que me diferencia de aquel padre de Capernaum, es que yo no soy ningún jefe de ninguna sinagoga.

Para buscar a Jesús, Jairo tuvo que dejar sus principios religiosos. ¿Entiendes la dificultad? Jairo dio un paso que hasta hoy es difícil que las personas se animen a dar: abandonar lo que creo, desde hace algún tiempo (años, décadas…) y elegir a Cristo. No es fácil. Es dejar todas las tradiciones familiares, es ser abandonado por un círculo de amigos; en el caso de Jairo, era dejar de ser respetado por sus vecinos. Fue el paso que Nicodemo y José de Arimatea no se animaron a dar en su momento.

Ser discípulo de Jesús puede significar ese tipo de pérdidas. ¿Estás dispuesto? Observa que no estoy hablándote de ir a la iglesia ni de participar del coro de jóvenes; te estoy diciendo algo mucho más abarcador y profundo: ser discípulo de Jesús. Esta decisión te puede costar familia, amigos, vecinos, estatus, iglesia. ¿Qué eliges?

Jairo dejó de lado su posición social, abandonó su rol de líder, para mostrarse como un ser humano necesitado de ser liderado. Dejó de enseñar, para aprender. Dejó de animar, para ser animado. Todo lo que había construido en su vida lo dejó a los pies de Jesús, para conseguir el milagro definitivo.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

domingo, 16 de noviembre de 2014

17 - EL PARALÍTICO

"Unos hombres le llevaron un paralítico, acostado en una camilla. Al ver Jesús la fe de ellos, le dijo al paralítico: “¡Ánimo, hijo; tus pecados quedan perdonados!”. Mateo 9:2.


Un paralítico acostado en una camilla es un peso bien diferente del de un niño llevado en brazos. El paralítico, por su condición, no consigue ayudar en nada a quien lo está cargando; todo su peso recae sobre quien lo está llevando. Esta realidad hace que no sea fácil; pero aquellos hombres se esforzaron para llevar al paralítico hasta Jesús. ¿Llevas a Jesús a tus amigos paralíticos espirituales? ¿Los abandonas? ¿Dejas que se arreglen como puedan?

Jesús notó “la fe de ellos”; es decir, la de los hombres. De la fe del paralítico, la Biblia no dice nada. La fe de aquellos hombres les dio la posibilidad de sanarse y de salvación al paralítico. Este es el primero de una serie de relatos, en este caso contado por Mateo en su Evangelio, que mostrará a Jesús uniendo, relacionando, conectando la salud física con la vida espiritual. Cuando va a sanar físicamente al hombre, él no habla de músculos, tendones y niervos; por el contrario, habla de fe, de pecados y de perdón.

¿Te animas a entender que Cristo te puede liberar de toda dolencia (incluida la parálisis) con su poder de perdonar pecados? Claro que sé que esta pregunta te debe hacer recordar –como a mí– cientos de ejemplos de falsos maestros espirituales, diciendo que sanan en el nombre de Cristo. También recordarás, como yo, que Jesús dijo que haber sacado demonios y curado enfermedades en su nombre no es garantía de salvación, ni siquiera de haber estado en comunión con él. Pero el punto está en que Cristo, cuando curó físicamente al paralítico, y en otros casos más, lo hizo perdonando sus pecados.

Eso significa que, como Él no cambia, hoy te puede sanar de tus enfermedades usando el mismo método, la misma lógica, el mismo camino. Al mismo tiempo, queda en claro, en esta historia, que pecado y enfermedad están en una relación íntima y mortal para nosotros.

Recuerda hoy Éxodo 15:26: “Yo soy el Señor su Dios. Si escuchan mi voz y hacen lo que yo considero justo, y si cumplen mis leyes y mandamientos, no traeré sobre ustedes ninguna de las enfermedades que traje sobre los egipcios. Yo soy el Señor, que les devuelve la salud”.




DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

16 - EL ENDOMONIADO GANADERO


“¿Cómo te llamas?”, le preguntó Jesús. “Legión”, respondió, ya que habían entrado en él muchos demonios." Lucas 8:30.


Pueden ser dos (como en relato de Mateo) o uno (como dice Lucas). Lo cierto es que los habitantes de Gadara no sabían cómo tratarlo. Todo lo que habían intentado, no había dado resultados definitivos. en solo cuestión de tiempo, el endemoniado volvía a sus locuras. Con ese contexto, y luego de haber calmado la tempestad en el mar, Jesús llega a la región.  Es interesante, porque este pobre ser humano es el “comité de bienvenida” que recibe a Jesús. Lo conoce por nombre. Sabe quién es. Lo respeta y, arrojado a sus pies, le pide que no lo atormente.

Conocer a Jesús por nombre, reconocerlo entre todos, saber que es el Hijo de Dios no modifica la vida de nadie. ¿Recuerdas aquel versículo de Santiago 2:19 que dice que los demonios creen y tiemblan? Pues aquí tienes un ejemplo real y práctico. Jesús podrá transformar tu vida cuando tú no te conformes con un conocimiento teórico, sino cuando lo dejes ser tu Dios.

Cuando la legión de demonios vio a Cristo, dio un grito. La Biblia no da el motivo, pero imagino que fue la expresión natural que surgió en la mente de aquellos ángeles caídos cuando vieron, después de milenios, nuevamente el rostro de su verdadero y primigenio Comandante. El grito de sorpresa, el grito que resume todos los sentimientos que se habrán agolpado en sus mentes por el error cometido. Sabían que frente al verdadero General del universo no tenían ninguna posibilidad de triunfo.

Jesús, apenas ve al pobre hombre dominado por los espíritus malignos, les ordena que lo abandonen. La obediencia es inmediata; pero como no saben a dónde ir, preguntan a Cristo hacia dónde se pueden dirigir. Si quisieran entrar en la vida de otro hombre, en su santa presencia, serían expulsados nuevamente. Preguntan por los cerdos, consiguen el permiso, y la piara de animales se ahoga.

¿Notaste? Los demonios conocían quién era el Señor que estaba delante de ellos. Cristo les pregunta su nombre. No porque él no lo supiera, sino porque esa pregunta obliga a presentarnos ante su presencia tal como somos, sin que podamos esconder nada.
¿Cuál es tu nombre?



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

viernes, 14 de noviembre de 2014

15 - LA SUEGRA DE PEDRO

"Cuando Jesús entró en casa de Pedro, vio a la suegra de éste en cama, con fiebre. Le tocó la mano y la fiebre se le quitó; luego ella se levantó y comenzó a servirle." Mateo 8:14, 15.


Todo lo que la Biblia dice de la suegra de Pedro está en esos dos cortos versículos. Jesús fue a la casa de Pedro. La suegra estaba con fiebre. Él la tocó. Ella se curó, se levantó y lo sirvió.

Fácil, ¿verdad? Realmente, muy fácil. Cuando Cristo llega a tu vida, tú estás enfermo. Él te toca, te cura, te salva; tú lo sirves. ¿Dónde está la complicación? En ningún lado, solo en nuestra cabeza. Es de allí que salen esos discursos que hablan de lo difícil que es ser cristiano, de lo complicada que es la vida cristiana. ¡Es simple! Cristo hace todo por ti. Tú lo sirves.

Dirás: “¡Ah! Lo que pasa es que el Yo no me deja entregarme, y entonces…” Ese tipo de discurso intenta explicar no la dificultad de la religión de Cristo, sino nuestras complicaciones -alimentadas por el enemigo de Dios- para dar nuestro paso, que ni siquiera es el primero. Jesús -siempre- da el primer paso.

No sé cómo te encontrará Cristo hoy. No sé si estás con poca fiebre de pecado, con mucha o si ya estás con convulsiones pecaminosas. Pero, si Cristo entra en tu vida, Él tiene poder para tocarte, curarte y salvarte. El punto está en que cuando te encuentres con él, lo tienes que dejar actuar.

Imagina si la suegra de Pedro le hubiera dicho que no, que no se preocupara, que no se interesara por ella; que había cosas más importantes para que él hiciera. Para Dios, hoy, lo más importante del universo es su hijo enfermo, al que quiere sanar. ¿Lo dejarás?

Cristo, una vez que recibió el permiso para actuar (esa es tu parte, la puedes realizar cada mañana, al levantarte), le tocó la mano, y así la curó. Tu verdadera actividad comienza ahora, una vez curado: lo sirves. Es natural, es genuino agradecimiento, es la reacción de quien está salvo.




DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

14 - EL CENTURION



"Luego Jesús le dijo al centurión: “¡Ve! Todo se hará tal como creíste”. Y en esa misma hora aquel siervo quedó sano." Mateo 8:13.


Fe es eso. Es partir de la base de que aunque no vemos cómo, Dios hará el milagro. De todas los ejemplos que escuché, el que más me gusta, porque me parece que es el que mejor explica qué es la fe, es aquella historia de la niña que salta al sótano, porque escucha la voz del padre que le dice: “Salta. Yo te sostendré”. Ella no lo ve. Ella no sabe en qué posición está el padre. Lo único que tiene en claro es que la voz que la llama es la del padre. Ella salta.

Generalmente vemos, contamos y sentimos la historia desde este punto de vista. Pero el relato tiene otra perspectiva posible: la del Padre. Él está en el sótano, y por la contraluz, consigue ver –sin dificultades– dónde está la hija, desde dónde está saltando, adónde va a caer. Él puede moverse sin problemas para atajar a su hija, sin que ella corra ni el más mínimo riesgo. Él sabe todo desde antes que la hija salte. Él ve el salto de fe de la hija. Para él, es fácil.

La fe es entender que para Él es fácil, y que yo no necesito preocuparme: solo tengo que saltar cuando me llama. El centurión entendía este punto, por eso no vio ninguna necesidad de incomodar a Cristo llevándolo hasta su casa, pues no precisaba ver nada; solo tenía que confiar en que Él podía hacerlo, de cerca o de lejos. El centurión entendía, por su fe, que si el Señor daba una orden, la enfermedad, sin dudas, obedecería.

¿Para qué pruebas espectaculares? ¿Para qué pedidos extraños? ¿Para qué situaciones extremas? La religión que nos propone Cristo es profundamente simple. Nosotros creemos que Él puede hacerlo y Él, si es para nuestro bien, lo hace. Nuestro problema es que queremos todo lo que pedimos, aunque no sea para nuestro bien, y pedimos mal.

El centurión explica que un pecador, por más fe que tenga, es indigno de la presencia de Cristo en su casa. A pesar de eso, Jesús está en la puerta llamando. Si escuchas la llamada y la voz de Dios (a veces tiene que golpear fuerte) y abres la puerta, Él entra y cena contigo, realizando el milagro.




DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

miércoles, 12 de noviembre de 2014

13 - UN LEPROSO

"Un hombre que tenía lepra se le acercó y se arrodilló delante de Él. “Señor, si quieres, puedes limpiarme”, le dijo." Mateo 8:2.



Este hombre tenía muy en claro quién es quién en la historia, en el universo y en todos los aspectos de la vida. No pide permiso, no se preocupa con lo que los otros pensarán, no está interesado en su apariencia. Como está, delante de todos, contra todas las reglas y en actitud de adoración, llega a los pies de Jesús para decirle que, si él quiere, lo puede limpiar.

Exactamente ese es el espíritu que la Biblia espera de quien se acerca a Cristo. Lamentablemente, hacemos caso al enemigo de Dios, que nos quiere convencer –y lo hace– de que necesitamos arreglar nuestra situación, mejorar nuestra vida, solucionar nuestro problema para acercarnos a Dios. Si el leproso hubiera intentado curarse para inmediatamente después entonces presentarse ante Cristo, moriría sin la posibilidad de salvación.

Por más esfuerzo que hagas, nunca conseguirás limpiar tu vida del pecado. La idea de Dios es que llegues a él exactamente como estás. Tú eres pecador, así como el leproso era leproso. No hay medio pecador ni medio leproso. Ve a los pies de Jesús así como estás.

Llegar a los pies de Jesús exige la postura correcta. No hay ninguna posibilidad de demandarle absolutamente nada; todo lo que podemos hacer es pedir y suplicar. Nosotros pedimos partiendo de su misericordia. Él nos responde basándose en su amor. Llegar a los pies de Cristo es entender que él es Señor y que tiene el poder. Por eso, como el leproso, ante su santa y todopoderosa presencia nos arrodillamos. En la vida espiritual, cuánto más tiempo estamos arrodillados, más fuertes seremos.

El pedido del leproso es realizado en el tono exacto en el que el Cielo escucha. La adoración reconoce el poder de Cristo, y su voluntad. Si Él quiere, me puede limpiar. Como los amigos de Daniel frente al horno del rey, la actitud correcta es: Dios puede salvarnos del horno, de la enfermedad y los problemas.

De rodillas, deja que Cristo realice el milagro que Él quiere hacer en ti.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor

12 - JUDAS


"Este se acercó a Jesús para besarlo, pero Jesús le preguntó: “Judas, ¿con un beso traicionas al Hijo del hombre?”. Lucas 22:47, 48.




En la época de Jesús, Judas era un nombre común. Significa “Alabanza a Dios”, por eso los padres del pueblo de Israel lo utilizaban tanto. Solo en el Nuevo Testamento aparecen seis personajes con ese nombre. Jesús tenía un hermano que se llamaba Judas; es el autor de la carta universal que encontramos en la Biblia. El cristiano que recibió al temido perseguidor Saulo en su casa cuando quedó ciego en el camino a Damasco, también se llamaba Judas.

¿Qué pasó? ¿Por qué hoy es nombre –casi– exclusivo para perros? Pasó por la historia uno que destruyó todo lo bueno, todo lo noble y todo lo positivo que el nombre podía tener. Un solo ser humano lo manchó de tal manera, que nadie más quiere ser identificado con él. Judas formaba parte del grupo más cercano al Salvador. Según relata el apóstol Juan en su Evangelio, un tiempo antes recibió el poder para echar demonios, sanar enfermos, resucitar muertos. Él recibió el mismo trato que los demás, escuchó las mismas palabras y se enteró de las mismas profecías que los otros. Cristo le lavó los pies. Compartió con él el jugo de la vid y el pan.

Pero, cuando tomamos ciertas decisiones somos extremadamente tercos para reconocer el error. A pesar de todo, continuamos marchando hacia la muerte, con el paso y la mirada firmes, aunque sospechemos el fin que nos espera. Cristo lo señala como el traidor, no con su nombre sino con un gesto. El grupo de los discípulos no entendió lo que estaba sucediendo, pero Judas se sintió descubierto y humillado. Fue la combinación perfecta para que, después de haber comido el bocado que Jesús le entregó, el enemigo de Dios entrara en él y lo tentara a tomar la última decisión: traicionar a Cristo.

Obviamente que la decisión fue personal, como todas. El enemigo nos tienta, sabe cómo y cuándo; pero no puede decidir por nosotros. Judas decidió dar el siguiente paso. Por haber salido, no escuchó el nuevo mandamiento que Cristo dio a sus seguidores, ni la promesa de su pronto regreso a la tierra, ni la del Consolador.
Traicionar a Cristo es pésimo, pero estar lejos de Él es mortal.


DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014


365 vidas
Por: Milton Bentancor



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lunes, 10 de noviembre de 2014

11 - SIMÓN, EL ZELOTE

"Cuando llegaron, subieron al lugar donde se alojaban. Estaban allí Pedro, Juan, Jacobo, Andrés, Felipe, Tomás, Bartolomé, Mateo, Jacobo hijo de Alteo, Simón el Zelote y Judas hijo de Jacobo. Todos, en un mismo espíritu, se dedicaban a la oración, junto con las mujeres y con los hermanos de Jesús y su madre María." Hechos 1:13, 14.





Los zelotes entendían que el reino era de este mundo y que el camino de la conquista se recorría con sangre y armas. Que un miembro de este grupo guerrillero aceptara a Cristo, el Señor del amor y el respeto, era un milagro. Que se transformara en un discípulo es la garantía que tenemos de que cualquiera, sin importar cómo piense ni cómo actúe, tocado por la mano transformadora de Jesús puede ser un discípulo.

El grupo político-militar al que pertenecía Simón era muy cercano a los fariseos, y demostraba un celo extremo por las leyes del pueblo judío. Lo que comenzó como un grupo que defendía las normas, se transformó -con el paso del tiempo- en un bando de asesinos. De allí salió un hombre que buscó a Jesús, y que estaba orando en un mismo espíritu con mujeres, con pescadores y con un excobrador de impuestos. El poder transformador de Cristo no tiene igual.

Puede ser una broma, pero cuentan que un explorador ateo llegó a una tribu y comenzó a cuestionar las nuevas creencias religiosas del grupo. El cacique escuchó con la calma que algunos indígenas tienen, y después de un tiempo le dijo: “Usted tendría que agradecer que tengamos estas nuevas creencias”. El explorador, bastante arrogante, le respondió preguntando por qué, pues él entendía que aquellas eran poco serias y sin valor para el mundo actual. A lo que el cacique le respondió: “Si no fuera por estas creencias, ‘poco serias y sin valor’, usted hoy seria nuestro almuerzo”.

Simón, el zelote, por estar al lado de Cristo, tuvo que aprender a mirar el mundo desde un nuevo punto de vista. Seguir a Cristo, para Simón, significaba dejar todo en lo que él creía. Para él, era una revolución mental que le exigía comenzar todo otra vez; y hacerlo con nuevas reglas.

Si Cristo cambió a Simón, puede hacerlo también contigo.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor


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domingo, 9 de noviembre de 2014

10 - TADEO

"Judas (no el Iscariote) le dijo: -¿Por qué Señor, estás dispuesto a manifestarte a nosotros, y no al mundo?" Juan 14:22.





Juan, en el capítulo 14 de su evangelio, narra una conversación íntima e Importante que Jesús mantuvo con sus discípulos. Él sabía que era la última conversación que podría tener con todos antes de su crucifixión.  Además de la promesa de su regreso y la seguridad de que no los dejaría solos porque enviarla al Consolador, Cristo les promete que se manifestará.

En ese contexto, tan reservado y exclusivo, en esa conversación profunda y definitiva para Cristo y para sus discípulos, aparece la pregunta que le hace Judas, no el Iscariote. ¿Quién es?. No hay dudas de que es uno de los discípulos más cercanos a Cristo, puesto que este discurso es exclusivo para ellos. Este Judas, diferente del Iscariote y diferente, también, del de la epístola universal, es conocido también como Lebeo (Mat. 10:3) o Tadeo (Mar. 3:18). Después de la traición, cualquier Judas que pudiera ser llamado por otro nombre, lo iba a hacer sin dudarlo ni un segundo.

De él sabemos poco. Pero en este momento especial de la vida de Jesús (está terminando la última cena y a punto de comenzar su camino que lo llevará al Getsemaní y después al Calvario), él hace una pregunta que refleja el pensamiento humano que todavía dominaba el corazón y la mente de los discípulos.

Cristo estaba comentando que aquellos que lo aman, obedecen sus mandamientos. Agrega la promesa del Consolador, como demostración del amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Eran las palabras que el discípulo estaba esperando. Eran su sueño haciéndose realidad. Tadeo quiere entender que esa manifestación será física, gloriosa y militar… Jesús está hablando de una manifestación espiritual, misionera y de salvación.

Como muchos de nosotros, Tadeo escucha las palabras pronunciadas por Jesús y entiende lo que quiere entender. Lo que le interesa. Lo que le importa. Los oídos espirituales quedan tapados por las ideas humanas, y todo toma un color que distorsiona la idea original del Maestro, que deforma las enseñanzas de Cristo. Quiero usar las palabras de Jesús, fuera de contexto y modificadas, para darle base a mi propio pensamiento, a mis propias ideas, a mis gustos. El peligro es Inminente.

Cuando Cristo habla, deja que Él mismo te explique. Es solo prestar atención.




DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014


365 vidas
Por: Milton Bentancor

09- JACOBO

"Estaban allí, mirando de lejos, muchas mujeres que habían seguido a Jesús desde Galilea para servirle. Entre ellas se encontraban María Magdalena, María la madre de Jacobo y de José, y la madre de los hijos de Zebedeo. Mateo 27:55.





En el Calvario, más cerca o más lejos de la cruz, de los amigos de Jesús, había un solo hombre –Juan– y muchas mujeres. No soy feminista, pero la realidad incontestable es que Mateo dice “muchas mujeres”. Entre las que menciona, aparece “María, la madre de Jacobo y de José”. ¿Qué Jacobo es ese? Primero, vamos a recordar que es una de las formas del nombre Jacob, que derivó en nombres como Yago, Diego y Tiago; y que con el apócope de santo (san) se transformó en Santiago.

¿Qué Santiago es este? En el Nuevo Testamento, tenemos tres que son conocidos. El primero es el discípulo de Jesús, hermano de Juan. Su madre era Salomé, por lo que no es él. El otro Santiago es el autor de la epístola universal. Se supone que era un hermanastro de Jesús, hijo de José. El tercero, que es de quien habla este texto, es otro discípulo de Jesús, del que sabemos poco. La Biblia cuenta casi nada, apenas señala algunos datos familiares, como el nombre del padre y de la madre y el de algunos de sus hermanos. Nada más. Y, por lo que nos dice el texto que estamos usando hoy como base para la meditación, él no estaba en el Calvario.

¿Dónde estás cuando se te exige dar pruebas de tu fe? ¿Aunque seas minoría y corras algún tipo de riesgo? No creo que te quieran crucificar, pero la presión del grupo, la posible pérdida de popularidad pueden dolerte tanto como un clavo que te atraviese las manos y los pies. Jacobo y los demás discípulos no se animaron. ¿Y tú?

La buena noticia es que, a pesar de la ausencia, el miedo y la falta de compromiso, su nombre aparece en la lista de Hechos 1, que señala a los discípulos que estaban orando en un mismo espíritu, pidiendo al Consolador.

A pesar de tus errores, hay esperanza.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

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Por: Milton Bentancor

viernes, 7 de noviembre de 2014

07 - MATEO

"Al irse de allí, Jesús vio a un hombre llamado Mateo, sentado a la mesa de recaudación de impuestos. Sígueme, le dijo. Mateo se levantó y lo siguió." Mateo 9:9.



El estilo literario de la Biblia es económico. Difícilmente encontrarás adjetivos. Generalmente los relatos son breves, concretos y directos. En la historia de Leví Mateo, estas características se potencian. En exactas seis palabras (Mateo se levantó y lo siguió), el propio Mateo cuenta la decisión más importante de su vida; la que cambió para siempre el rumbo de su existencia; la que lo sacó del anonimato odiado de la recaudación de impuestos y lo llevó a la santa popularidad por ser el autor del primer Evangelio.

Imagina todos los pensamientos que se agolparon en la cabeza de Mateo cuando vio cruzar a Jesús frente a su mesa; en realidad, lo sintió cruzar por la mitad de su vida. Para él, seguir a Cristo significaba abandonar un negocio lucrativo, un grupo de poder económico, unas ciertas relaciones sociales que le ofrecían excelentes ventajas terrenales.

Seguir a Jesús siempre exige un sacrificio. Pero no queremos; y nos conformamos con ser sus seguidores lejanos, porque de otro modo nos obligaría a negarnos a nosotros mismos, que es abandonar mucho más que una mesa de dinero y un trabajo lucrativo: es dejar de lado –para siempre– nuestro orgullo, nuestras ideas, nuestros deseos.

Mateo quería ser discípulo de Cristo. No se conformó con contar a sus hijos y nietos que él un día vio pasar a Jesús y conversó con él. No le pareció suficiente ir a la sinagoga para agradecer porque un día había escuchado a Jesús. Porque quería más que eso, estuvo dispuesto a abandonarlo todo.

Cada uno de nosotros tiene que llevar una cruz, personal e intransferible, cada día, todos los días. El discipulado no es una cuestión de momentos o de intermitencias. Por el contrario, es un estilo de vida constante, diario. Es abandonar lo que me ata a este mundo para siempre, no por un rato. Es dejar tu mesa de la recaudación de impuestos, para no volver nunca más a ella.



DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2014

365 vidas
Por: Milton Bentancor