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Levantate y resplandece

Despues de cada caida, levantate y sigue! Pues caer no es fracasar sino perfeccionarse al levantarse!

Hata el final

Yo viveré para El.

Este es el momento

Id haced discipulos a todas las naciones.

Sin cesar

Por que el Espiritu Santo sea derramado en cada uno de los creyentes.

Bendicones!!

Jehova te bendiga y te guarde...

Todo es posible

Todo lo que pidieras con fe, sera hecho.

martes, 15 de marzo de 2016

15 - ¿CÚANTO VALES?



“Dios los ha rescatado […], y saben muy bien que el costo de este rescate no se pagó con cosas corruptibles, como el oro o la plata, sino con la sangre preciosa de Cristo” (1 Pedro 1:18-19).


¿Te has preguntado alguna vez cuánto vales? Si determinas lo que vales por los materiales que integran tu cuerpo, como el agua, el hierro, el calcio, la grasa y demás elementos, ¡vales menos de cincuenta dólares! Pero hay otra manera de calcular tu valor. Según Keith Knoche tu cuerpo está compuesto de aproximadamente un septillón de átomos, lo que equivale a un 1 seguido de 27 ceros. Para ayudarnos a entender esa cifra, Knoche usa esta ilustración.

Imaginemos un diluvio de semillas que caen del cielo. Cuando el suelo de todo el estado de Pennsylvania (de casi ciento veinte mil kilómetros cuadrados) esté cubierto por una capa de un metro de alto de semillas, habrá caído un cuatrillón de semillas. Pero todavía faltan nueve ceros, así que necesitamos más semillas. Procedemos entonces a cubrir toda la superficie de la tierra, incluyendo los océanos, con una capa de un metro de semillas. Aparte de eso, salimos al espacio exterior y cubrimos doscientos cincuenta planetas del mismo tamaño de la tierra con una capa de un metro de semillas. Tendríamos un sixtillón de semillas. Es decir, todavía nos faltan tres ceros para alcanzar el septillón. Tenemos que adentrarnos en el cosmos y conseguir doscientos cincuenta mil planetas más del tamaño de la tierra y cubrirlos con una capa de un metro de semillas. Eso sería un septillón de semillas, el mismo número de átomos que tenemos en nuestro cuerpo.

¿Cómo podemos calcular el valor de todas esas semillas? Knoche dice que los átomos del cuerpo tienen el potencial de generar once millones de kilovatios/hora por libra. Es decir, si pesas cien libras y la compañía de electricidad te da siete centavos de dólar por kilovatio/hora, ¡tu valor potencial en electricidad es de setenta y siete millones de dólares! Por supuesto, tendrías que morir para poder cobrar ese dinero. ¿Estarías dispuesto a dar tu vida por setenta y siete millones de dólares?

Con este intrincado cálculo matemático lo que te quiero decir es que nadie puede ponerle precio a lo que eres. Para Dios, tú vales mucho; vales tanto, que Cristo dio su vida por ti.







DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco

sábado, 12 de marzo de 2016

12 - UN LIBRO MUY VALIOSO

“Cantaré salmos a tu nombre” (Romanos 15:9, NVI).


¿Cuánto pagarías por obtener un ejemplar del libro de Salmos? ¿Darías más de catorce millones de dólares para adquirir esa maravillosa colección de poemas? En 2013 un coleccionista pagó esa suma de dinero para adquirir una edición muy especial de ese maravilloso conjunto de poemas hebreos. ¿Qué tenía esa edición que la hacía tan costosa? Pues el mérito de haber sido el primer libro impreso en la América británica, en 1640. Actualmente solo quedan once ejemplares de los mil setecientos que se imprimieron en ese primer tiraje, y la Antigua Iglesia del Sur, en Boston, decidió subastar uno de los dos ejemplares que tenía. David Redder, director de libros de Sotheby’s, la empresa encargada de subastar la obra, dijo que ese manuscrito de los Salmos desempeñó un papel fundamental en la fomentación de la libertad religiosa y política y en la fundación de los Estados Unidos de América. ¡Qué maravillosa es la Palabra de Dios!

¿Por qué los puritanos ingleses escogieron específicamente el libro de Salmos como el primer libro que imprimirían? Una de las razones es que los salmos eran los himnos que se utilizaban en el culto a Dios en el santuario de Israel. Al imprimir esta obra, los creyentes ingleses querían asegurar que el nombre de Dios continuara siendo alabado en el Nuevo Mundo. Querían seguir las pisadas de nuestro Señor, porque la única vez que las Escrituras mencionan que Jesús cantó (Mateo 26:30), probablemente debió de haber cantado los Salmos 115 al 118, que eran los que se entonaban al final de la cena pascual.

Una cosa es cierta: los salmos son valiosos no por el hecho de que ese ejemplar haya costado catorce millones de dólares, sino porque a través de su lectura podemos enriquecer, profundizar y personalizar nuestra relación con Dios. Y tú puedes leerlos gratuitamente, sin tener que pagar nada.

¿Cuándo fue la última vez que leiste algún salmo? Te propongo que leas ahora mismo un capítulo completo de dicho libro. No te preocupes, no te tomará mucho tiempo, puesto que es el capítulo más corto de la Biblia: Salmo 117: “Naciones y pueblos todos, alaben al Señor, pues su amor por nosotros es muy grande; ¡la fidelidad del Señor es eterna! ¡Aleluya!”








DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016


VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco

viernes, 11 de marzo de 2016

11 - LA CARRERA MÁS ILÓGICA



“No son los veloces los que ganan la carrera” (Eclesiastés 9:11).


Hay una carrera en la que gana quien haya recorrido la menor distancia posible antes de que suene el disparo final. Por lo general, en una competencia gana el que primero llegue a la meta; pero en la India hay una carrera que contradice todos los parámetros que conocemos. Es una carrera de bicicletas en la que los participantes deben tratar de mantenerse en equilibrio, sin avanzar mucho, ya que el ganador será el que esté más cerca de la línea de salida tras el disparo final. ¿No te parece que se sale de lo común? Sin duda alguna, en dicha carrera ganará el que tenga más paciencia y, a la vez, sepa mantener el equilibrio moviéndose lo menos posible.

La Biblia también habla de una carrera que va en contra de nuestra lógica, porque en ella no obtiene la victoria el que corra con mayor rapidez, ni el que exhiba la mejor condición física. Me refiero a la carrera de la vida eterna. De hecho, el autor de Hebreos nos recomienda “correr con paciencia” en esa carrera (Hebreos 12:1, RV95). Nuestro gran dilema es que muchas veces suponemos que la carrera hacia el cielo es como cualquier competición terrenal, y que en ella ganará el mejor. Pero en la carrera de la vida eterna se cumple al pie de la letra lo dicho por Salomón: “No son los veloces los que ganan la carrera” (Eclesiastés 9:11). ¿Entonces quiénes son los que ganan?

Juan describe con estas palabras el momento cuando logra ver a los que han alcanzado el galardón divino:

“Después de esto miré, y vi una gran multitud, la cual nadie podía contar, de todas las naciones, tribus, pueblos y lenguas. Estaban delante del trono y en la presencia del Cordero, vestidos de ropas blancas y con palmas en sus manos. Clamaban a gran voz, diciendo: ‘¡La salvación pertenece a nuestro Dios, que está sentado en el trono, y al Cordero!’ ” (Apocalipsis 7:9,10, LBLA).

¿Lo has leído con detenimiento? La salvación no es algo que yo consigo a base de mi propio esfuerzo. La salvación, la vida eterna, viene de Dios, pertenece a Dios, es un regalo de Dios. Jesús te llevará hasta la meta si dejas que él se encargue de pedalear tu vida.





DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco

jueves, 10 de marzo de 2016

10 - EL MILAGRO EN EL BAÑO


“Mejor es el que tarda en airarse que el fuerte” (Proverbios 16:32, RV60).


Calderón de la Barca escribió en Las armas de la hermosura un verso que, a pesar de haber sido escrito hace más de tres siglos, sigue teniendo vigencia para nosotros:

“Aunque te aconsejes tarde, mira, oh joven imprudente, que ser con ira valiente no es dejar de ser cobarde”.

Básicamente, lo que quiere decir el verso es que si te dejas dominar por la ira, en realidad estás siendo cobarde. El enojo es un enemigo declarado de la razón. Ben Carson entendió muy bien esto cuando tenía catorce años. Un compañero de la escuela no paraba de molestarlo, y Ben ya no encontraba qué hacer. ¿Qué harías tú si estuvieras en una situación similar? Mira lo que hizo Ben. Un día se encontró con el muchacho en el baño y, sin pensarlo dos veces, lo arrinconó contra la pared, sacó su cuchillo y le lanzó una puñalada directamente al estómago. Ben perdió el control de sí mismo, y la ira lo llevó a la frontera de la desgracia. Pero lo que ocurrió aquel día cambió radicalmente la vida de Ben Carson. Dios obró un milagro en el baño y, en lugar de que la estocada fuera directamente al estómago, el golpe lo recibió la gruesa hebilla del cinturón del acosador. De ese modo Dios se interpuso y evitó que Ben se convirtiera en asesino.

Ben no podía creer lo que había pasado. Al ver la manera en la que Dios lo había librado, se arrodilló y oró: “Oh, Señor, quítame este mal genio. Yo sé que tú puedes hacerlo. Confío en que lo harás”. ¿Y qué hizo Dios? Escuchó el grito desesperado de ese jovencito, y lo convirtió en una nueva criatura. ¿Significa esto que Carson ya no se enoja? No lo creo; pero sí aprendió a canalizar su enojo. Y esas manos que estuvieron dispuestas a matar, el Señor las ha usado para salvar la vida de miles de niños.

Al meditar en esta experiencia de Ben Carson, uno no puede más que seguir al pie de letra el consejo del Sabio: “No dejes que el enojo te haga perder la cabeza” (Eclesiastés 7:9, RVC) y pedirle a Dios, como dice la etiqueta de hoy, que nos dé dominio propio.








DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco

miércoles, 9 de marzo de 2016

09 - ¡GANAMOS!



“Esto es lo que yo doy a los que me sirven: la victoria” (Isaías 54:17).


De niño siempre me gustaba jugar en el equipo ganador. Y todavía no he perdido la costumbre de tratar de estar del lado de los triunfadores. Por ejemplo, no tengo problemas en ser fanático de los Medias Rojas de Boston o de los Yankees de Nueva York. Me da igual alentar al Real Madrid o al Barcelona. Lo que quiero es estar del lado del equipo ganador, pues no me gusta sufrir la agonía de la derrota.

En su libro Apocalipsis: Una historia de amor, el pastor Larry Lichtenwalter hace referencia a un viejo bedel que diariamente salía al patio para ver a los estudiantes jugar mientras leía su libro favorito. Cierto día, un joven se le acercó y le preguntó:

-¿Qué está leyendo?

-La Biblia.

-Sí, sé que es la Biblia, lo que pregunto es qué libro de la Biblia está leyendo usted. -Apocalipsis.

-¡Apocalipsis! ¿Y lo entiende?

-Claro.

Asombrado de que el anciano fuera capaz de entender tan indescifrable documento, el joven volvió a cuestionarlo:

-Si es así, dígame, ¿qué significa ese libro?

Con una sonrisa en los labios y lleno de alegría, el viejito le dijo:

-Hijo, Apocalipsis significa ¡que ganamos!

¿Que ganamos? ¿Y a quién hemos ganado? Lichtenwalter nos dice que ganamos “sobre nuestros temores, sean los que sean; sobre nuestros enemigos, sean quienes sean” (p. 124). Aristóteles solía decir que la victoria más difícil es la victoria sobre uno mismo. ¿Cuáles son esas batallas contra ti mismo que no has podido vencer? Quizá sea la avaricia, el resentimiento, el amor al dinero o a los placeres. Tal vez estés luchando con algún impulso o tendencia pecaminosa que te impide glorificar a Dios y hace que te sientas perdido, solo y sin fuerzas para continuar.

Cuando el enemigo parece derrotarte, te invito a consolarte con esta maravillosa promesa: “El Señor su Dios está con ustedes; él luchará contra los enemigos de ustedes y les dará la victoria” (Deuteronomio 20:4). La victoria es un regalo que Dios nos otorga, no porque la merezcamos, sino porque nos ama, porque somos sus hijos. Hoy podemos dar “gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:57); hoy podemos decir: ¡Ganamos! Así que comparte este sentimiento con los que te rodean usando la etiqueta del día.







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Por: J. Vladimir Polanco

martes, 8 de marzo de 2016

08 - LLENOS DEL ESPÍRITU



“Llénense del Espíritu Santo” (Efesios 5:18).


Cuenta Plutarco, el célebre historiador griego, que Alejandro Magno convidó a muchos de sus amigos a un espléndido banquete. Por supuesto, la comida, el alcohol, las mujeres… eran abundantes, y se esperaba allí un consumado culto a la satisfacción propia. Dominado por la insensatez, el rey se puso de pie y anunció:

-Vamos a celebrar un certamen de intemperancia. El ganador se llevará una corona valorada en un talento.

El talento era el equivalente a más o menos veinte años de salario de un obrero. Eso era -y sigue siendo- mucho dinero. En seguida se dio inicio a la competencia, y la gente comenzó a beber desenfrenadamente. Tan grande fue la borrachera que cuarenta y uno murieron en plena competencia. ¡Aquello fue un completo desastre! Finalmente, uno de los jueces pronunció las esperadas palabras: “El ganador es Prómaco”. Este personaje, cuya imprudencia era tan grande como feo era su nombre, recibió su corona, pero murió tres días después a causa de la borrachera. ¿Crees que valió la pena conseguir ese premio?

¿Te gustaría participar en un concurso que podría acabar con tu existencia? No creas que esas competiciones se limitaron a aquella época. En 2013 se celebró en una ciudad española un certamen similar al que nos cuenta Plutarco. El ganador se tomó siete litros de cerveza en tan solo veinte minutos. ¿Y qué le pasó? Murió esa misma noche.

Estos ejemplos comprueban la veracidad de la sentencia de Pablo: “No se emborrachen, pues eso lleva al desenfreno” (Efesios 5:18). Conozco a mucha gente, creyente y no creyente, que es lo bastante inteligente como para comprender que el alcohol no lleva a nada bueno; gente que ha decidido ser abstemia. Pero fijémonos en que, en el mismo pasaje, Pablo dice algo más: “Llénense del Espíritu Santo”. No es solo negarte a ingerir alcohol, sino también ser lleno del Espíritu de Dios. No vayas a creer que te puedes llenar del Espíritu por ti mismo. No, esa obra es de Dios, y él está dispuesto a hacerlo ahora mismo. “Pues si ustedes, […] -dijo Jesús- saben dar cosas buenas a sus hijos, ¡cuánto más el Padre celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan!” (Lucas 11:13). ¿No te gustaría ser lleno del Espíritu?








DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco

lunes, 7 de marzo de 2016

07 - CRISTO, PRIMERO EN TODO

“Él es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda la creación” (Colosenses 1:15, RVC).


En el año 318, Arrio, un dirigente de la iglesia de Alejandría, Egipto, dijo que Jesús no era plenamente Dios, sino un ser que había sido creado por Dios el Padre. Basándose en conceptos neoplatónicos, Arrio interpretó erróneamente Colosenses 1:15, y propuso que Jesús fue un ser intermedio entre Dios y los hombres. El arrianismo, aunque fue condenado en el 325 en el Concilio de Nicea, sigue teniendo adeptos en la actualidad. Probablemente te habrás encontrado con algunas personas que, citando Colosenses 1:15, enseñan que Jesús no es el Creador, sino un ser creado.

En ese pasaje, para explicarnos qué era Jesús realmente, Pablo acude a la más sublime expresión del lenguaje humano: la poesía. Aunque en español no se percibe claramente, el texto griego de Colosenses 1:15-20 es un poema de dos estrofas. En la primera, Cristo es descrito como “la imagen del Dios invisible” y creador de todo lo que hay en nuestro mundo (15-17). En la segunda, es presentado como el agente de la nueva creación o redención (18-20). El propósito de este poema es exaltar a Cristo sobre todo lo creado.

¿Pero por qué se dice que Jesús es “el primogénito de toda la creación”? ¿No significa eso que él fue el primer ser creado, como decía Arrio? La palabra que se traduce como primogénito (prototokos) tiene la connotación de “importancia”, “honor”, “dignidad” o “preeminencia”, y no necesariamente de “primero”. Por ejemplo, el mismo capítulo dice que Cristo es el “primogénito de entre los muertos” (Colosenses 1:18, RVC). ¿Fue Jesús la primera persona en morir? Por supuesto que no, todos sabemos que fue Abel.

La frase “primogénito de toda la creación” lo que significa es que Cristo es el “principal”, el que tiene el mayor “honor” de la creación. ¿Por qué? Porque “todas las cosas por medio de él fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho” (Juan 1:3, RV95). Te diré algo más. Lo más significativo no es que Jesús sea el personaje más importante del universo, el Creador de todo; lo que realmente cuenta es que él sea el primero en tu vida; que él ocupe el lugar más importante en tu corazón. Si así lo consideras, comparte la etiqueta de hoy.






DEVOCIÓN MATUTINA JÓVENES 2016

VISITA MI MURO
Por: J. Vladimir Polanco